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Hotel Imperial (Quitburgo) 01

El Hotel Imperial, visto desde la esquina de las avenidas Antonio I y Bulevar de la Emperatriz.

El Hotel Imperial es un hotel de la ciudad de Quitburgo, capital de Quito, considerado el primer sitio de hospedaje de lujo de la ciudad (y de Sudamérica), y el único que persiste hasta la actualidad de entre aquellos que fueron abiertos en el siglo XIX. Se ubica en el distrito de Alameda, sobre la avenida Antonio I entre el Bulevar de la Emperatriz y la calle Ascázubi, frente al parque La Alameda.

El edificio fue construido por el rico comerciante guarandeño Manuel de Campana y Pineda-Villagómez, segundo barón de Campana y heredero de una de las fortunas más importantes que aparecieron tras la creación del Imperio en 1830.

Los Campana habían recibido el título nobiliario en 1837 gracias a que Manuel de Campana y Ríos de Olivares (padre del fundador del hotel)  se había convertido en uno de los principales financistas de las obras que emprendió el emperador Antonio I en la zona central del país durante sus primeros años de reinado.

Manuel de Campana (hijo) había expandido ampliamente los negocios familiares, y con la visionaria adquisición de un predio diagonal al Palacio Imperial y en medio del nuevo centro gubernamental que el proyecto reediniano trazó para Quitburgo, decidió incursionar por primera vez en la rama hotelera para atender a los cientos de visitantes que llegarían a este nuevo sector con el paso del tiempo.

Campana concibió un hotel como nunca antes se había visto en Sudamérica, pero que él mismo había experimentado en las grandes capitales europeas, lleno de lujo y comfort dignos de un auténtico príncipe. La construcción inició en 1873 y culminó en 1875, cuando se inauguró con la presencia de los mismísimos emperadores Antonio II y Alejandra, que elogiaron la belleza del lugar y llegaron a compararlo con su propia residencia imperial.

Pronto el hotel se convirtió en el referente del negocio para todo el continente, pues no solo sus instalaciones eran bellas y opulentas, sino que todo el personal y el servicio eran dirigidos por funcionarios que el Barón de Campana había contratado y traído expresamente desde París. El Café Alejandra, llamado así en honor a la Emperatriz, se convirtió en el sitio de encuentro social insigne del hotel por ser el favorito de la aristocracia quiteña de la época.

El edificio es de estilo neoclásico y posee 114 habitaciones, dos restaurantes, una cafetería con fama internacional, una piscina cubierta, spa y gimnasio. Es miembro fundador de la Liga Mundial de Hoteles de Lujo, y pertenece a la misma familia desde su apertura. En las décadas de 1980 y 1990 el negocio atravesó una crisis debido a la proliferación indiscriminada de hoteles tipo boutique, sin embargo se recuperó gracias a su centenaria fama internacional y actualmente aún constituye el más importante de la ciudad.