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Coronación Antonio José de Quito

Coronación de Antonio I como emperador de Quito, por Antonio Salas (1830).

La coronación de Antonio I y su esposa, Mariana Carcelén de Guevara, se llevó a cabo en la Catedral Metrpolitana  el día 1 de septiembre de 1830 con una ceremonia de tres horas y media. En ella, la pareja fue investida como Emperadores de Quito por el obispo Lasso de la Vega, quien ciñó la cabeza del nuevo monarca con la corona de los Andes, que pertenecía originalmente a la imagen de la Virgen de la Asunción de Popayán pero fue donada a falta de una joya más apropiada.

La celebración para los no menos de mil quinientos invitados provenientes de todas partes del país se llevó a cabo en los jardines del Paseo de La Alameda, que se habían arreglado especialmente para la ocasión con faroles, velas y las llamadas ceras del norte. Las mesas principales se dispusieron alrededor del Monumento a Minerva, que por aquella época se encontraba al centro del paseo, y mientras más se alejaban menor estatus tenían los invitados.

Los vecinos más importantes de la ciudad colaboraron con el evento para congraciarse con Su Majestad, donando o prestando manteles blancos de lana, papel para adornar las mesas, cubertería, cristalería y vajillas de plata y porcelana con sus fuentes y salseras. La confección de los arreglos de flores con sedas de colores albiazules estuvieron a cargo de las monjas del convento de El Carmen Alto, mientras que gran parte de la servidumbre que se movía entre las mesas aquella tarde había llegado desde las haciendas de la familia de la nueva Emperatriz o de la aristocracia quitburguesa. 

Las monjas del convento de Santa Catalina fueron las encargadas de cocinar los platos por cerca de cuatro días previos al evento, siendo algunos ingredientes traídos desde las haciendas de la misma familia imperial, aunque también se adquirió otros (sobre todo especias y aves de caza) a mercaderes de la ciudad por un valor de alrededor de 800 pesos. La comida fue trasladada a La Alameda en la mañana del mismo día, y para mantenerla caliente se construyó una cocina provisional de madera en la esquina nororiental del parque.

El servicio empezó con la llegada de los invitados desde la Catedral alrededor de las dos y media de la tarde, y la de Sus Majestades a las tres; después de algunas felicitaciones personales, los platos empezaron a circular a eso de las tres y media. El menú consistió, entre otros, de los siguientes manjares:

  • Sopa: de cebolla a la francesa con bollos de mantequilla
  • Entradas: puchero nacional (res, carnero, tocino, gallina, ternera, garbanzos, yuca, zanahoria blanca, camote, pera y durazno), canastas de hojaldre rellenas con sesos
  • Carnes: pernil de cerdo, asado de res macerado con aguardiente, lengua seca, tortillas de sesos, lomo de res relleno, criadillas emborrajadas
  • Aves: pernil de pavo, gallina cocida, perdiz asada, tórtola asada, pato asado, pollo frito
  • Pescados: robalo escabechado, bagre asado
  • Ensaladas: lechuga y tomate, pepinillos y coliflor, cascos de alcachofa
  • Salsas: de pera, de uvilla, de hongos portugueses, ají
  • Postres: torta de almendras y dulce de leche, helados de guanábana y taxo, frutas (manzana, pera, uva, mango, plátano)
  • Bebidas: coñac, Burdeos, champany, ginebra, moscatel, resolís, aguardiente, chicha de jora


Dos bandas de música y una cantante traída desde Lima fueron las encargadas de amenizar la celebración con operetas durante la comida y valses o fandangos durante las interminables horas de baile, que se extendieron hasta alrededor de la media noche, aunque los emperadores se retiraron a las 22:45 debido a que Mariana se sintió indispuesta.

Por otro lado, al pueblo también se le incluyó en los festejos por la Coronación de sus nuevos emperadores, en Quitburgo por ejemplo se dispuso faroles y una banda de música en la Plaza Grande, de tal manera que la celebración se extendió hasta casi la salida del sol al día siguiente. De la misma forma los Cabildos de las diferentes ciudades del país recibieron la orden de realizar bailes populares en sus respectivas plazas mayores.