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Antonio II de Quito
Emperador de Quito
Antonio II de Quito, por Salas (ca. 1880)
El emperador Antonio II, por Joaquín Pinto (1872)
Información personal
Nombre secularAntonio Vicente Felipe Raimundo de María de Sucre-Quito y Carcelén de Guevara
TratamientoSu Majestad Imperial (S.M.I.)
Otros títulosVéase apartado Otros títulos
Reinado17 de junio de 1854 - 29 de enero de 1892
Coronación2 de enero de 1855
Proclamación18 de junio de 1854
Nacimiento2 de agosto de 1831
Palacio de El Deán, Los Chillos, Quito
Fallecimiento29 de enero de 1892 (60 años)
Palacio de El Ejido, Quitburgo, Quito
EntierroCripta Imperial del Deán, Quitburgo
Himno realMarcha del Emperador
Religióncatólica
PredecesorAntonio I de Quito
SucesorFelipe I de Quito
Familia
Casa realCasa de Sucre-Quito
PadreAntonio I de Quito
MadreMariana Carcelén de Guevara
ConsorteAlejandra de Sajonia-Altenburgo
HerederoFelipe I de Quito
DescendenciaVéase Descendencia
Escudo de Armas de Antonio II de Quito
Paz, progreso y libertad

Antonio II de Quito (Los Chillos, 2 de agosto de 1831 - Quitburgo, 29 de enero de 1892), fue el segundo emperador de Quito entre 1854 y 1892. Ostentó además el título de príncipe consorte de la Casa de Sajonia-Altenburgo por su matrimonio con la princesa Alejandra de Sajonia-Altenburgo.

Biografía Editar

Nacido el 2 de agosto de 1831 en el Palacio de El Deán, ubicado en el valle de Los Chillos cerca de Quitburgo, la llegada al mundo del pequeño fue todo un acontecimiento nacional pues significaba que el trono pasaba a tener un sucesor varón (hasta ese momento María Teresa era considerada la heredera), y se organizaron varios días de celebraciones.

Fue bautizado en la Catedral de Quitburgo nueve días después, tomando los nombres de Antonio Vicente Felipe Raimundo de María de Sucre-Quito y Carcelén de Guevara. Los nombres escogidos homenajeaban respectivamente a su padre, su abuelo paterno (Vicente de Sucre), su abuelo materno (Felipe Carcelén de Guevara), y a su madrina y tía (María Rosa de Carcelén).

En lo que respecta a los padrinos de bautizo, estos fueron escogidos con sumo cuidado por los nuevos Emperadores: María Rosa de Carcelén, princesa de Carcelén y hermana de la Emperatriz; José Javier Valdivieso, marqués de Zamora y esposo de la anterior; Rosa de Montúfar y Larrea, duquesa consorte de Selvaguirre y dama principal además de amiga íntima de la Emperatriz; y Manuel de Ascázubi y Matheu, conde de Chillogallo, Prefecto imperial de Ecuador y uno de los terratenientes más ricos del país.

La educación de sus primeros años fue compartida junto a sus dos hermanas y estuvo a cargo de los mejores maestros que el Emperador pudo conseguir en el país, incluyendo a la monja riobambeña Magdalena Dávalos, que los instruyó en la fe católica, artes e historia. Sin embargo, conforme Antonio fue creciendo también se fue separando de las lecciones conjuntas, pues su lugar como heredero demandaba una educación mucho más amplia y estricta.

Cuando cumplió 12 años fue enviado a estudiar en un internado de Suiza, donde compartió aulas con la mayor parte de príncipes europeos de la época, aprendiendo no sólo sobre ciencias y política, sino también a relacionarse con la más alta aristocracia del mundo entero. Allí estudió hasta los 17 años de edad, cuando su padre lo retiró para buscarle una esposa y volver a Quito e iniciar su formación militar.

Matrimonio Editar

Antonio II y Alejandra de Sajonia-Altenburgo (ca. 1870)

Antonio II y Alejandra, alrededor de 1870.

A partir de 1846 el emperador Antonio I se dio a la tarea de encontrar una consorte para su joven heredero, solicitando al Ministro Plenipotenciario de Quito en Francia que elaborase una lista de las princesas casaderas en Europa. La lista llegó en 1847 y se iniciaron las conversaciones con las pocas Casas que se aventuraban a unirse con los Sucre-Quito, considerados advenedizos en las Cortes del viejo continente.

El Emperador aprovechó una gira de estrechamiento político que tenía programada por Europa entre agosto y diciembre de 1848 para retirar al joven Antonio del Colegio suizo en el que estudiaba, y de esa manera llevarlo a ser presentado de manera personal a las candidatas, confiando en que el afamado atractivo que había desarrollado el príncipe fuera un gancho para las adolescentes enamoradizas.

Para fines de año ya casi se habían decantado por una princesa de una rama secundaria de la Casa Grimaldi, cuando el duque José de Sajonia-Altenburgo sorprendió al Emperador quiteño con una invitación para pasar navidades en su Castillo. El plan del Duque era que su hija Alejandra, cuyo compromiso con Constantino Nikoláyevich de Rusia se había roto pocas semanas antes, encontrara consuelo en los brazos del Príncipe quiteño y de paso se convirtiése en emperatriz.

En un inicio Alejandra se mostró visiblemente despechada por el abandono de su anterior prometido, y el joven Antonio se comportó como un amigo que la comprendió y la supo escuchar, lo que llegó a convertirse en un sentimiento diferente con el pasar de los días, pues nos solo que ambos eran atractivos a los ojos del otro, sino que encontraron infinidad de gustos compartidos como la música y la jardinería.

El 7 de enero de 1849 se anunció el compromiso de la pareja, Alejandra se convirtió al catolicismo pocos días antes de la boda, que junto a la recepción se llevaron a cabo el 22 de marzo en los salones del Castillo Ducal, pues no existía una iglesia católica en el territorio. La pareja viajó a Quito a finales de mayo de ese año y llegaron a su nuevo hogar el 3 de agosto, estableciéndose en el Palacio de El Deán.

Es más que conocido que la relación de Alejandra y Antonio II, si bien estuvo manchada por algunos capítulos oscuros relacionados con sus descendientes, jamás se vio afectada de manera directa por causa de alguna de las partes, pues ambos estaban profundamente enamorados uno del otro, siendo eso mismo lo que buscaron para los futuros enlaces de sus hijos.

Alejandra escribía frecuentemente a sus hermanas sobre cómo, pese a que en un inicio le costó olvidar al Gran Duque ruso, vivía el matrimonio más feliz que pudo haber esperado para su vida. Por otra parte, Antonio no temía demostrar públicamente el amor que sentía por su esposa, pese a que eso significaba salirse continuamente del protocolo. Para el pueblo en cambio, el matrimonio era considerado ejemplar y un cuento de hadas vuelto realidad, aunque a veces fueron criticados por las sumas de dinero que se usaban en sus festejos personales.

Descendencia Editar

Familia imperial de Antonio II de Quito

Antonio II, Alejandra y cinco de sus seis hijos: José, María Amelia, Felipe, Vicente y José Luis (1865).

Antonio y Alejandra tuvieron seis hijos:

Príncipe heredero Editar

Antonio II de Quito, por Franz Xaver Winterhalter (1855)

El Príncipe de Quito, por Winterhalter (1851).

Pese a que Antonio era Príncipe de Quito (título del heredero de la corona) desde su nacimiento, debido a su educación en Suiza no ejerció las funciones que le correspondían sino hasta su regreso al país en 1849, y aún en ese entonces no pudo ocupar el asiento del Consejo Imperial ni su lugar asignado como Senador del Parlamento puesto que se encontraba realizando su instrucción militar.

Antonio escogió formarse primeramente en la Marina, por lo que pasó largas temporadas en Guayaquil lejos de su esposa y sus cuatro primeros hijos, sin embargo confirmó la fascinación que el servicio naval le había causado cuando estudiaba al respecto en Suiza. Incluso escogió ser representado con su uniforme de almirante en la mayor parte de sus retratos y fotografías oficiales durante el resto de la vida.

En 1852 se instaló de manera definitiva en Quitburgo para su formación en el ejército, y Antonio finalmente pudo ocupar el asiento del Consejo Imperial participando activamente de las decisiones políticas del Estado. De igual manera ocupó su lugar en el Senado, donde no solo se dedicó a observar y aprender, sino que incluso promovió varias reformas al sistema de educación que terminaría por hacer aprobar ya como Emperador.

En el ámbito social y siendo considerados la pareja más popular entre los quiteños, tanto él como la princesa Alejandra se convirtieron en los mejores anfitriones del país, ofreciendo divertidas fiestas en el Palacio de El Deán que, quizá debido a la juventud de ambos, rayaban en lo escandaloso para aquella época. Estos gastos en particular les generaron algunas malas opiniones entre los ciudadanos, mismos que les enseñaron a mesurarse cuando accedieron al trono en 1854.

Emperador de Quito Editar

Antonio II de Quito (ca. 1860)

Antonio II en una de las primeras fotografías que se le conocen ya como emperador de Quito, alrededor de 1860.

Antonio accedió automáticamente al trono tras la muerte de su padre el 17 de junio de 1854, siendo jurado y proclamado Emperador por el Parlamento al día siguiente en una ceremonia privada, tal como marcaba la Constitución.

Por otro lado, la coronación de Antonio y Alejandra tuvo lugar tras los seis meses de luto estricto que especificaba el Ceremonial de la Corte quiteña, llevándose a cabo el 2 de enero de 1855 con una larga misa de investidura en la Catedral y una gran recepción en los salones del Palacio de Carondelet.

El joven Antonio iniciaba su reinado con una nación en pleno proceso de desarrollo, una balanza comercial favorable y una economía en constante crecimiento, además de una opinión internacional bastante buena en comparación con las demás naciones latinoamericanas exceptuando Brasil y Colombia, por lo que gozó de popularidad y prestigio instantáneos tanto dentro como fuera del país.

Primeros años Editar

Inicialmente Antonio II gobernó bajo la Constitución de 1836, que pese a autodefinirse como manárquica parlamentaria, daba amplios poderes al Emperador al sólo necesitar el refrendo de la Cámara de Senadores, que siempre fueron nobles cercanos a la familia imperial. Así el joven monarca, cuyo pensamiento liberal chocó desde un inicio con el del primer ministro conservador Vicente Ramón Roca, no tuvo problema en hacer nombrar al general José María Urbina y Viteri como sucesor en el Primer Ministerio a partir de 1855.

Uno de los primeros decretos del nuevo Emperador fue la contratación de los estudios para una línea de ferrocarril que uniera Quitburgo con el puerto de Guayaquil, mismo que fue puesto en consideración de los inversionistas europeos como una sociedad mixta entre el Estado quiteño y la Compañía ganadora del concurso, por lo que las ofertas no fueron precisamente numerosas. En 1855 se escogió a la British Railways Co. para iniciar el proceso y se inauguró la primera línea en 1859.

El primer ministro Urbina, un progresista más afín al pensamiento del nuevo Emperador, aconsejó en diciembre de 1856 que se proceda con la Manumisión de los Esclavos, comprando la libertad de todos quienes se encontrasen en condición de esclavitud y prohibiendo que se vuelva a generar aquella figura en el futuro. Las mencionadas compras se realizaron con los réditos del impuesto a la pólvora que fue creado para tales fines, y existió hasta 1865, cuando el último esclavo fue liberado en una hacienda de la provincia de Loja.

La controvertida decisión de liberar a los esclavos estuvo a punto de traer fatales consecuencias a la monarquía de no ser porque el Emperador disolvió el Parlamento y convocó a una Asamblea Constituyente. Los miembros electos se reunieron en Guayaquil, donde Antonio sabía que el liberalismo era más fuerte y haría presión social en los diputados, y deliberó entre el 11 de febrero y el 28 de abril de 1857.

La nueva Constitución, llamada Carta de Libertades por su tendencia claramente liberal, fue promulgada el 24 de mayo de 1857 ante la recién electa Cámara del Congreso, que por primera vez desde 1836 volvía a tener el control sobre el legislativo. Quito se consolidaba, ya no solo en la teoría sino también en la práctica, como una monarquía parlamentaria plena.

El 21 de febrero de 1859 el Parlamento se saltó la autoridad del Emperador y aprobó una ley para la cancelación de la Deuda Inglesa, nacida por la Independencia de España, mediante la concesión de tierras baldías en el Oriente y en la Costa. Finalmente Antonio II, que se mostraba contrario al plan por considerarlo una violación de la soberanía, debió terminar aceptándolo por la presión parlamentaria.

El 11 de marzo se celebró entonces el Contrato Icaza-Pritchett, mediante el cual se entregaba a los acreedores ingleses, representados por la Compañía Inglesa de Terrenos Quiteños Limitada (Quito Land Company Limited), dos millones de cuadras en el oriente (Zamora y Canelos) y seiscientos veinte mil cuadras en la Costa (Esmeraldas), para que fueran trabajadas por colonos ingleses bajo soberanía quiteña por un periodo de 50 años. Con este contrato se canceló la totalidad de la deuda y se consagró un vínculo con Gran Bretaña que marcaría el inicio de una época dorada en las transacciones comerciales y la transferencia de tecnología entre ambas naciones.

Garcianismo Editar

En 1865 la política liberal que venía predominando en el país dio un vuelco, pues el nuevo Parlamento de mayoría conservadora escogió como nuevo primer ministro a su militante más radical: el duque Gabriel García Moreno, con quien Antonio no se llevaba del todo bien debido a sus diferentes ideologías.

García Moreno, católico fundamentalista y pensador ilustrado, inició una política enfocada a la planificación de obras de renovación de la administración, educación, transporte, ciencias, investigación e industrialización. Inmediatamente después de su elección decidió tomar a su cargo la ampliación del ferrocarril y extenderlo con líneas desde Quitburgo hacia Esmeraldas, Pasto, Barbacoas y Archidona; desde Portoviejo hacia Manta, Guayquil y Esmeraldas; desde Loja hacia Riobamba, Zaruma, Piura y Tumbes; y desde Zaruma hacia Puerto Bolívar, Tumbes, Piura y Guayaquil.

En 1867 se intentó forzar al Emperador a convertirse en una figura ceremonial como sucedía en Reino Unido o España, y fue enviado por el Congreso a una gira por las diferentes provincias del país que se extendió hasta inicios de 1869, de la que sin embargo regresó con una popularidad aún mayor y las ganas de tomar las riendas del Gobierno para solucionar los problemas que había detectado.

En el tiempo que el Emperador estuvo de viaje, el Parlamento nombró regente a la emperatriz Alejandra, que debido a su crianza religiosa siempre había conectado de manera casi natural con García Moreno, por lo que este último tuvo carta abierta para hacer lo que deseaba durante poco más de un año.

A su regreso a Quitburgo en agosto de 1869, Antonio II se mostró como un hombre que había madurado y se veía capaz de hacerse cargo del Gobierno, muy distante del monarca bohemio y soñador que había partido en 1867. Fruto de este nuevo carácter tuvo varios encuentros desagradables con el Primer Ministro y con el Parlamento, sobre todo cuando no quisieron hacer pasar una ley que prohibía el trabajo infantil y regulaba el de la mujer, sujetos muy vulnerables en aquella época.

Para las elecciones de 1870 Antonio II se las arregló para que García Moreno no fuera reelecto y en su lugar se colocará a Jerónimo Carrión, un conservador moderado con el que podría trabajar mejor. En esta etapa logró volver a separar la figura del Emperador de la imagen ornamental que le había intentado dar el anterior Primer Ministro, pasando a convertirse nuevamente en un Jefe de Estado con poderes activos que ejercía en cooperación con los políticos electos, la élite económica y el apoyo popular.

Cuando García Moreno regresó al Primer Ministerio en 1875, poco pudo hacer para disminuir nuevamente la figura del Emperador, logrando únicamente aumentar un año adicional su período como Primer Ministro. El auge de la producción y exportación de cascarilla a partir de 1878 también ayudó a mantener la popularidad de Antonio II, pues el país recibía mucho dinero que era traducido en obras.

En 1879 estalló la Guerra del Pacífico entre Chile, Perú y Bolivia, en la que el Emperador decidió mantenerse neutral a pesar de los intentos de los embajadores de las tres naciones para que Quito apoyara a alguna de las facciones. Parte del decreto emitido por Antonio II incluía la apertura de fronteras para los refugiados de la guerra, lo que llevó a un incremento poblacional en las ciudades del sur del Imperio y en los puertos de Guayaquil, Manta y Esmeraldas.

Invierno de la crisis Editar

En 1881 fue nombrado primer ministro el general Ignacio de Veintemilla, un conservador moderado con quien el Emperador pensó que trabajaría de buena manera como había sucedido con Jerónimo Carrión. Sin embargo, Veintemilla era un hombre que no estaba dispuesto a compartir el poder y más temprano que tarde el país entero se vería sumido en un caos aún peor que el de los años 1830s.

Económicamente hablando los primeros años de la década de 1880 fueron realmente prósperos gracias a las cosechas abundantes de varios productos, sobre todo el cacao, lo que seguía manteniendo el nivel de obras que se venía realizando a lo largo de todo el Imperio, pero que también empezó a generar codicia en el nuevo Primer Ministro.

En julio de 1882 Veintemilla viajó a Guayaquil para buscar el apoyo de las tropas acantonadas en el puerto y planear un golpe de Estado. Con al menos mil soldados que lo apoyaron en el puerto y localidades aledañas, regresó a Quitburgo y tomó la ciudad en la que su sobrina Marieta había reunido a favor de su tío al menos la mitad de las tropas acantonadas en la ciudad. En Esmeraldas también hubo un levantamiento simultáneo y dirigido por Eloy Alfaro, que en un principio acordó colaborar con el proyecto.

El 17 de septiembre Veintemilla se declaró Dictador y el Emperador fue puesto en reclusión domiciliaria junto a toda la familia en el Palacio de El Ejido, con planes de deponer la monarquía y exiliarlos del país. Este último hecho fue el que desencadenó el repudio de varios sectores que venían apoyando al Dictador, pues tales planes nunca se habían contemplado en las conversaciones.

El 22 de septiembre Manuel Serrano se pronunció en Machala a favor del Emperador y en contra de Veintemilla, declarándose Jefe de Gobierno de Jambelí; pocos días después Víctor Proaño hizo algo similar en Ambato, generalizándose el desorden en el resto del Imperio. Ezequiel Landázuri, autodeclarado Jefe de Gobierno del Norte, se dirigió a Quitburgo con tropas para liberar al Emperador, pero fue derrotado por Veintemilla en la llanura de Cotocollao.

Para octubre en Tungurahua Proaño cedió el poder al general José María Sarasti, que ahora era llamado Jefe de Gobierno Provisorio y empezó a formar un ejército numeroso con todas las tropas que llegaban para atacar Quitburgo y rescatar a la Familia Imperial. Así se le unió desde Lima Francisco Xavier Salazar, que llegó a Ambato junto a tropas de Macará, Zaruma, Loja, Cuenca y Azogues, y Pedro Ignacio Lizarzaburu que dirigía las fuerzas de Riobamba.

El 21 de octubre Sarasti envió comunicados a las demás Jefaturas que se habían formado para así levantarse contra Veintemilla en conjunto, más fue rechazado por Esmeraldas, Manabí y Machala, debiendo enviar respectivamente a Luis Vargas Torres, Eloy Alfaro y José María Plácido Caamaño para derrotarlos.

Las fuerzas combinadas de Sarasti, Salazar y Lizarzaburu pusieron cerco a Quitburgo y tras dura resistencia armada la tomaron el 14 de diciembre de 1882. Veintemilla huyó con rumbo a Guayaquil con el remanente de sus tropas, pero sus hermanas y su sobrina Marieta fueron apresadas a la vez que el Emperador y su familia eran finalmente liberados.

Antonio II, restituido en sus funciones de emperador pero sin un Parlamento que refrende las decisiones que tomaba, realizó acciones de cuenta propia por primera y única vez en la historia de la monarquía quiteña. Se ordenó a Alfaro que tomara Guayaquil y así lo hizo el 21 de enero de 1883, pero Veintemilla logró huir con rumbo a Lima unas horas antes a bordo del vapor Huachi.