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Alejandra de Sajonia-Altenburgo
Emperatriz consorte de Quito
Alejandra de Sajonia-Altenburgo (1856)
La emperatriz Alejandra, por Luis Salguero (1855)
Información personal
Nombre secularAlexandra Friederike Henriette Pauline Marianne Elisabeth von Sachsen-Altenburg
TratamientoSu Majestad Imperial (S.M.I.)
Otros títulosVéase apartado Otros títulos
Reinado17 de junio de 1854 - 29 de enero de 1892
Proclamación1 de septiembre de 1854
Nacimiento8 de julio de 1830
Altenburgo, Ducado de Sajonia-Altenburgo
Fallecimiento6 de julio de 1911 (80 años)
Palacio de El Ejido, Quitburgo, Quito
EntierroCripta Imperial del Deán, Quitburgo
Religiónluteranismo (hasta 1849)
católica (desde 1849)
PredecesorMariana Carcelén de Guevara
SucesorBlanca de Orleans
Familia
Casa realCasa de Wettin
PadreJosé de Sajonia-Altenburgo
MadreAmelia de Wurtemberg
ConsorteAntonio II de Quito
DescendenciaVéase Descendencia

Alejandra de Sajonia-Altenburgo (Altenburgo, 8 de julio de 1830 - Quitburgo, 6 de julio de 1911), fue una princesa de la Casa de Sajonia-Altenburgo desde su nacimiento, y emperatriz consorte de Quito por su matrimonio con Antonio II.

Biografía Editar

Nació el 8 de julio de 1830 en la ciudad de Altenburgo, capital del Ducado de Sajonia-Altenburgo, donde gobernaba su padre el duque José de Sajonia-Altenburgo. Su madre fue la duquesa Amelia de Wurtemberg, teniendo otras cuatro hermanas mayores de las que sólo tres llegaron a la edad adulta: María, Teresa e Isabel.

Fue bautizada en la fe luterana con los nombres de Alexandra Friederike Henriette Pauline Marianne Elisabeth von Sachsen-Altenburg. Creció en el seno de una familia con profundos lazos de cariño que le inculcó la empatía por las clases más desposeídas del territorio que gobernaban, realizando obras benéficas constantemente.

Alejandra y sus hermanas fueron educadas por los mejores profesores de la Corte, entre los que destacó el pastor y filósofo Carl Ludwig Nietzsche, padre de Friedrich Nietzsche con quien la entonces ya emperatriz quiteña se reunió en el año 1860. Todos estos factores hicieron de las princesas de Sajonia-Altenburgo unas de las más destacadas de Europa por su inteligencia y simpatía.

Matrimonio Editar

En 1846 Alejandra conoció al gran duque Constantino Nikoláyevich de Rusia, se enamoraron y comprometieron en matrimonio para dos años más tarde, pues la princesa aún no había alcanzado la mayoría de edad. Lamentablemente en el tiempo de espera el hijo del zar Nicolás I se enamoró de una bailarina de San Petersburgo y anuló el compromiso en 1848, lo que le valió perder sus derechos dinásticos.

A finales de ese mismo año el emperador Antonio I de Quito se encontraba en Europa buscando una consorte para su hijo, Antonio Felipe, llegando a la capital de Sajonia-Altenburgo con el fin de que la princesa Alejandra conociera al joven heredero de la corona quiteña. En un inicio despechada por el abandono de su anterior prometido, la Princesa encontró en Antonio un amigo que la comprendió y la supo escuchar, lo que llegó a convertirse en un sentimiento diferente con el pasar de los días.

El 7 de enero de 1849 se anunció el compromiso de la pareja, Alejandra se convirtió al catolicismo pocos días antes de la boda, que junto a la recepción se llevaron a cabo el 22 de marzo en los salones del Castillo Ducal, pues no existía una iglesia católica en el territorio. La pareja viajó a Quito a finales de mayo de ese año y llegaron a su nuevo hogar el 3 de agosto, estableciéndose en el Palacio de El Deán.

Es más que conocido que la relación de Alejandra y Antonio II, si bien estuvo manchada por algunos capítulos oscuros relacionados con sus descendientes, jamás se vio afectada de manera directa por causa de alguna de las partes, pues ambos estaban profundamente enamorados uno del otro, siendo eso mismo lo que buscaron para los futuros enlaces de sus hijos.

Alejandra escribía frecuentemente a sus hermanas sobre cómo, pese a que en un inicio le costó olvidar al Gran Duque ruso, vivía el matrimonio más feliz que pudo haber esperado para su vida. Por otra parte, Antonio no temía demostrar públicamente el amor que sentía por su esposa, pese a que eso significaba salirse continuamente del protocolo. Para el pueblo en cambio, el matrimonio era considerado ejemplar y un cuento de hadas vuelto realidad, aunque a veces fueron criticados por las sumas de dinero que se usaban en sus festejos personales.

Descendencia Editar

Familia imperial de Antonio II de Quito

Antonio II, Alejandra y cinco de sus seis hijos: José, María Amelia, Felipe, Vicente y José Luis (1865).

Alejandra y Antonio II tuvieron seis hijos:

Vida en Quito Editar

Princesa consorte Editar

Alejandra de Sajonia-Altenburgo

La princesa Alejandra, por Antonio Salas Avilés (1850).

Como princesa heredera consorte Alejandra se ganó inmediatamente el cariño de los quiteños, que veían en ella no sólo a una antigua estirpe europea de prestigio, sino también a una joven piadosa y caritativa que se volcó desde un inicio en obras sociales y culturales.

Al poco tiempo de su llegada y como amante de la jardinería que había sido desde su adolescencia, la Princesa quedó maravillada con las nuevas especies que encontró en las inmediaciones del Palacio de El Deán. Decidió crear entonces una escuela de jardinería que ella misma patrocinaba de sus propios fondos y en la que también daba clases, antecedente del Jardín Botánico de Quitburgo.

Impactada con el bajo nivel de educación de las clases menos acomodadas, Alejandra solicitó un permiso al Emperador para fundar y construir una escuela de niños en los terrenos adyacentes a su residencia, que sirvió para recibir tanto a hombres como mujeres durante largos años, convirtiendo al valle de Los Chillos en la primera zona rural con un alto porcentaje de alfabetización en el país.

En 1853 decidió donar a varios hospitales la mitad de los fondos que recibía como Princesa heredera consorte, siendo los que más ayuda recibieron el San Juan de Dios (Quitburgo) y Santa Cecilia (Guayaquil). También hacía constantes donaciones al Orfanato Emperatriz Mariana, fundado por su suegra en 1844, y del que fue nombrada patrona al morir Mariana.

Pero no solo el buen corazón de Alejandra la hizo famosa, pues su belleza pronto se convirtió en una leyenda a lo largo del país y las demás Cortes sudamericanas, siendo considerada hasta la actualidad como la consorte más hermosa de la historia quiteña. No en vano el joven heredero había deseado convertirla en su esposa apenas la conoció, y dedicándose el resto de su vida a cuidar de ella, siempre demostrando lo profundamente enamorado y feliz que fue a su lado.

La Princesa se convirtió también en un ícono de la moda para todas las mujeres del país, pues su cuidado y romántico guardaropa, al último grito de la moda para las jóvenes de la más alta aristocracia europea, pronto se volvió en el referente de todas las modistas del Imperio que ofrecían copias de los modelos que usaba Alejandra, aunque eso sí, con materiales menos delicados a menos que la interesada estuviése dispuesta a pagar una fortuna para que sean traídos desde Francia o Inglaterra.

Emperatriz de Quito Editar